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«Amo a Laura» Vs. el «Opá»: está en juego la canción del verano

Dos canciones pugnan por hacerse con el dudoso trofeo de la Canción del Verano de este año: por un lado, el soniquete baturro de El Koala; por otro, la mojigata “Amo a Laura”.


Están hasta en la sopa, y resulta imposible huir de ellas; incluso apagando la tele, las canciones se cuelan por cualquier resquicio (radio, conversaciones en el bar, automóviles con hipertrofia sonora), haciendo completamente impracticable la disidencia. Aunque vistas inicialmente las dos resultan bastante simples y elementales, a poco que se escarbe las diferencias tanto musicales como contextuales entre las dos son abismales. En esta comparación, el “Opá” sale bastante escardado, ya que su propuesta, más allá de la gracieta soez, está a años luz de la del conjunto de pulcros muchachos célibes. Es la primera vez que recuerdo en que una canción del verano apela a la inteligencia.

“Amo a Laura” resulta elogiosa por varias razones. La primera, por su valor como instrumento publicitario. Durante varias semanas, la canción generó confusión e incertidumbre, ya que nadie sabía muy bien de qué iba el rollo; si aquellos angelicales muchachos, versión casta de “Parchís” –lo que ya es ser casto-, alababan en serio las virtudes de la virginidad, o por el contrario se trataba de un mensaje irónico. Gracias a esta indefinición, la canción se coló en todo tipo de espacios televisivos: desde magazines de noche hasta informativos, pasando, por supuesto, por toda la ristra de programas de zapping. Finalmente, supimos que se trataba de una pieza promocional de la MTV, con la que el canal de música promocionaba subversivamente su producto. Una subversión fundamentada en la ironía, la segunda razón que merece elogios en esta canción, y que está reforzada por un impecable vídeo en el que jóvenes arios vestidos de domingo gesticulan sonrientes, como arrancados de una estampa californiana de los 50. Los jóvenes bendicen la castidad, prometen esperar al matrimonio, y ya no hay más: es un producto que haría las delicias de los estructuralistas y los deconstructivistas, ya que deja en manos del espectador la capacidad de dar sentido a la pieza. En este sentido, resulta una canción tan válida para un promiscuo humorado como para una beata.

Y la última razón que sostiene el elogio es la puramente musical. No hay duda de que detrás de la canción hay un equipo de compositores de talento. En algunos momentos, la melodía, con una fuerte presencia de coros, recuerda a las composiciones de Brian Wilson. De hecho, la canción es muy “Beach Boys"; cantada en inglés, no rechinaría en ninguno de los discos más mediocres de los californianos.

Frente a ella, el “Opá yo viasé un corrá” suena como un entretenimiento gamberro, una broma perpetrada por alguien con poco talento y obsesionado con “el pelotazo”. Defiende una estética “cutre”, chapucera, sostenida sobre un acento andaluz que recoge la herencia de grupos como “No me pises que llevo chanclas” o, más recientemente, los “Mojinos Escozíos”. Sin embargo, no hay más que ver el vídeo para darse cuenta de que esta supuesta “cutrez” es sólo una estratagema de la mercadotecnia, de igual modo que la supuesta extracción rural del “artista”. Ya quisieran muchos de los vídeos musicales que se producen en este país tener la factura y el presupuesto del engendro del Koala.

Resumiendo, a mi juicio, el “Amo a Laura” gana por goleada. Sin embargo, la “masa” manda, y cuando se trata de la turba lo básico siempre triunfa: el trofeo estival será para el Koala. No obstante, la cosa se le puede poner difícil a última hora: ya circula por Internet una nueva letra para la canción de la MTV, que se titula “Peto a Laura”, de una ordinariez reconcentrada. Y eso, claro, sin contar con un posible regreso de Georgie Dann. La canción del verano es imprevisible.


Daniel Ruiz
http://blogs.periodistadigital.com/cajatonta.php/2006/06/13/p32029#more32029
13 de junio de 2006

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