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Goyas, ETA y los productores de cine (EL MUNDO)

Texto íntegro del comunicado suscrito por los productores Eduardo Campoy, César Benítez, Enrique Cerezo, Andrés Vicente Gómez y Francisco Ramos. «Preocupados por el desarrollo y posteriores repercusiones de la Gala de los Premios Goya, tan alejados de lo que es la verdadera promoción y el impulso que necesita nuestro cine, los productores abajo firmantes nos vemos en la necesidad de transmitir a la opinión pública nuestra postura con respecto a la ceremonia en sí misma y –lo que es mucho más importante- nuestro absoluto e inequívoco rechazo al terrorismo de ETA y la solidaridad hacia sus víctimas. Sobre el primer asunto – y es una opinión muy generalizada-, la ceremonia fue desafortunada, no acorde con el verdadero talento que se puede encontrar en nuestro cine e injusta con el tremendo esfuerzo desplegado por la Junta Directiva de la Academia con su Presidenta al frente. Al paso que vamos, las dedicatorias serán cada vez más largas y las exposiciones más cortas. De modo que, por un lado, hay falta de contenido y por otro, está sirviendo de plataforma para reivindicaciones colectivas, que hacen peligrar la esencia misma de un acto de máxima importancia para nuestra imagen y promoción. Nadie cuestiona que todos puedan reivindicar libremente lo que consideren oportuno, pero no es deseable que plataformas organizadas se hagan con el control ideológico de esta gran manifestación del cine español. Que cada uno haga uso de su libertad de expresión, pero en un ambiente de tolerancia real para todos. El oficio de productor ha sido, por desconocido, poco apreciado, considerados poco menos que parásitos de la Administración y las Televisiones Públicas con las que en teoría nos enriquecemos. La realidad es muy diferente. Los productores que, por primera vez, nos reunimos para firmar un manifiesto público, hemos producido decenas de películas en los últimos años y con ellas nos hemos ido formando personal y profesionalmente. Para ello -dados los cada vez más- altos riesgos económicos que corremos – hay que amar profundamente el cine y tratar de dominar un buen número de oficios, ya que elegimos y contratamos todos los elementos que intervienen en una película: guionistas, actores, directores, técnicos, así como de los diferentes servicios que hacen posible un filme. Desarrollamos historias y guiones; tutelamos la producción, distribución y explotación de nuestras películas y diseñamos y ejecutamos la arquitectura financiera de cada proyecto. Finalmente, nos quedamos con la criatura en nuestros brazos el resto de sus días. Estamos habituados a capitalizar las críticas ante cualquier diferencia o enfado con el cine o su estructura. Y, por supuesto, asumimos nuestra responsabilidad como empresarios y cineastas. Compartimos con los creadores, principalmente, los directores, los resultados de las películas. Pero fuera de ese ámbito puramente profesional, cada cual responde por sí mismo, no somos en absoluto responsables de otras acciones individuales o colectivas de este sector. Que por algunas posiciones personales del gran y diverso colectivo que forma la industria del cine español, se condene a nuestro cine, nos parece tremendamente injusto. El prestigio de nuestro cine, tan duramente conseguido, no puede venirse abajo por una burda manipulación de la opinión pública: hay manipulación cuando se ofrece la falsa sensación de una industria sin nervio por subvencionada: se eleva la anécdota de actitudes aisladas a la de categoría y se desprecia toda una cinematografía por el rechazo, razonable o no, a una de sus obras. Pedimos que no se condene al cine español, que debe defenderse con el apoyo del talento y necesita el aliento de la opinión pública. Mostremos nuestra disconformidad y crítica con las acciones individuales, pero respetemos a un colectivo plural en lo social, lo político y cultural como el que compone el CINE ESPAÑOL. El pasado sábado, durante la ceremonia de los Premios Goya, todos los cineastas que tuvieron oportunidad mostraron su rechazo al terrorismo en general, algunos a ETA en particular, y se reclamó unánimemente la libertad de expresión. Estas expresiones deberían haber satisfecho a la mayoría de los españoles. Sin embargo, en el exterior del Palacio de Congresos, donde se celebraba la Gala, doscientas personas, familiares de víctimas del terrorismo, reclamaban una condena inequívoca y directa a ETA, solicitando la exhibición de una pegatina por ellos distribuida. No todos nos pusimos esa pegatina. Pero el dolor de los familiares de víctimas de ETA presentes en la puerta del Palacio de Congresos debería haber pesado más en las manifestaciones de todos. Pudo más, en muchos casos, la defensa de un derecho fundamental, la libertad de expresión, que el rechazo –que se supone obvio- a ETA. Ese es el malentendido que hay que subsanar. Nuestro colectivo, tradicionalmente tan individualista peca en ocasiones – aunque suene a contradictorio- de actitudes gregarias. Este año no ha funcionado una consigna, como el NO A LA GUERRA del año pasado, y ante la necesidad de seguir una estela colectiva, pero sin líneas definidas, se ha producido un auténtico desconcierto. Al final hay mucha actitud mimética y ante la necesidad de defender la libertad de creación, rechazar a ETA, apoyar a las víctimas y rechazar el orden establecido, se ha perdido de vista lo más importante, lo que está por encima de cualquier consideración, lo que hay que decir a voz en grito: NO A ETA. Ojalá que las víctimas sientan el apoyo de todos los españoles sin tener que gritarlo a la puerta de ninguna ceremonia. Ojalá los GOYA sean lo que han de ser: la gran fiesta de nuestro cine, la celebración de la excelencia y que no tengamos que afirmar por innecesario, algo que reiteramos aquí: nuestro más profundo rechazo a ETA y nuestra solidaridad con las familias de las víctimas a las que ofrecemos nuestro incondicional apoyo.» EL MUNDO, 7 de febrero de 2004
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