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La victoria de «La Pija» (EL MUNDO)

Victoria Adams, «Posh» (La Pija) en Gran Bretaña, ha convertido a un futbolista callado y guapo en el personaje británico más popular en el mundo desde los Beatles. Es el binomio perfecto. Él es dulce y romántico; ella, agresiva y práctica. Es un enigma prodigioso, un fenómeno inexplicable. Pero, desafiando todas las leyes de la lógica y de la matemática, hay ocasiones excepcionales en las que 2 + 2 es igual a 5. Y si existe un caso en el que esa fórmula inverosímil se cumple con escrupulosa precisión es en el de una pareja británica, formada por una estrella de la música pop en declive y un futbolista en alza elevado a la categoría de ídolo mundial. Los Beckham, David y Victoria Beckham, son la prueba palpable de que hay uniones cuyo resultado es infinitamente superior a la suma de la partes. Por separado, ambos conquistaron el éxito y la fama. Pero juntos han sido capaces de elevar a la enésima potencia su popularidad. Son el binomio perfecto. «Ella necesita recibir y él disfruta dando. Ella es contenida, él generoso. Él es dulce, ella agresiva.Él es pasivo, ella dinámica. Él es romántico, ella práctica.Ella es el principal sostén de la familia, él es el amo de casa.En resumen: ella es Tarzán, él Jane», sentencia Andrew Morton en Posh y Becks, su biografía sobre la pareja. O, utilizando el símil animal al que con frecuencia recurre la propia Victoria para explicar su relación, ella es la perra y David el gatito. Dentro de ese estricto reparto de papeles, es ella quien toma las decisiones mercantiles, quien trabaja incansable y obsesivamente por acrecentar la fama y la fortuna de la pareja. No es que Victoria Beckham sea una eminencia de las Ciencias Económicas, pero qué duda cabe que la chica tiene ambición, una estricta filosofía protestante del trabajo, sentido del deber, temperamento perfeccionista y el vigor necesarios para conquistar el éxito. Sin ninguna duda, ella es el cerebro de los Beckham, la auténtica responsable de haber convertido a un futbolista callado, guapo y de gran talento deportivo en el personaje más popular que da al mundo Gran Bretaña desde los Beatles. Con todos ustedes, Victoria Beckham, alias La Pija, de 29 años, ex Spice Girl, esposa ejemplar, madre devota, adicta a la fama y forjadora del mito Beckham. «Siempre soñé con ser rica y famosa», ha admitido la propia interesada en alguna ocasión, resumiendo en esas siete palabras su credo vital. Y a fe que lo ha conseguido, aunque para ello haya tenido que exponer al público los más personales detalles de su vida privada, alimentando constantemente a los medios de comunicación con carnaza de su intimidad. Como en aquella memorable ocasión en la que se le ocurrió revelar que David de vez en cuando se ponía su ropa interior. O aquella otra vez, durante un concierto en un club gay de Londres ante 1.500 personas, en la que La Pija calentó al público al grito de «¿Creéis que David es un animal en la cama?», pocos días después de haber utilizado esas mismas palabras en el transcurso de una entrevista para definir las proezas amatorias de un marido con «las pelotas de oro». El resultado: el año pasado, sin ir más lejos, y a pesar de estar embarazada de su segundo hijo -lo que le impedía lucir en condiciones sus modelitos-, Victoria fue el personaje del que más se escribió en Gran Bretaña, mereciendo más ríos de tinta que estrellas de la talla de Jennifer López, Britney Spears o Kylie Minogue. Todo un éxito a ojos de Victoria Beckham, para quien nada hay más importante en esta vida que ser una celebridad. Y con ese propósito, allá por marzo de 1993, respondió a un anuncio en la revista The Stage en el que se solicitaban chicas «listas, extrovertidas, ambiciosas y capaces de cantar y bailar». Nacían las Spice Girls. Lo de La Pija fue cosa de Simon Fuller, el manager del grupo, quien quiso reflejar con ese apodo la adolescencia de lujo y ostentación que tuvo Victoria. Hija de un electricista que se hizo millonario con un negocio de venta de material eléctrico al por mayor y de exportaciones a Oriente Medio, Victoria solía ir al colegio en un Rolls Royce. Con Beckham, siempre ha sido ella la que ha llevado las riendas comerciales de la pareja. No en vano, cuando se conocieron allá por 1997, ella era con diferencia mucho más rica y famosa que él. Victoria era una de las cinco integrantes de las Spice Girls, el más exitoso grupo femenino de la historia de la música: 35 millones de discos vendidos en todo el mundo, nueve números uno en Gran Bretaña, 30 millones de telespectadores pendientes de su actuación en los Brit Awards, los premios más importantes de la música británica... En el año 2000 se le calculaba a ella solita una fortuna personal en torno a los 24 millones de libras, unos 33,5 millones de euros. David, por su parte, era un futbolista conocido y con un prometedor futuro por delante, pero por aquel entonces su fama no traspasaba los estrechos márgenes de la sección de Deportes. «Cuando comenzaron a salir, no hay duda de que ella era la más famosa de los dos», sostiene Andrew Parker, experto en Sociología del Deporte en la Universidad de Warwick. «Ella le introdujo en un nuevo círculo de personas y, gracias a ella, entró a formar parte de la alta sociedad futbolística. De la noche a la mañana, Beckham pasó a engrosar la lista de los famosos de primera división», asegura.«Hemos sido testigos del ocaso de la carrera ella y del ascenso de la de él». Pero, por aquella época, Victoria no sólo era famosa. Llevaba ya un par de años acostumbrada a lidiar con los medios de comunicación, habituada a vivir bajo el escrutinio constante de los tabloides.Y no sólo era plenamente consciente de la importancia que la imagen juega en la popularidad de un famoso -al fin y al cabo, entonces, la imagen de las spice se hallaba en todo tipo de cachivaches, desde calendarios, camisetas, muñecas, gorras de béisbol, libros, pósters y demás- sino que además Victoria La Pija conocía de primera mano los entresijos del éxito y el funcionamiento de la maquinaria de la fama. Disciplinas todas ellas en las que Beckham estaba pez. A parte de que, por naturaleza, el futbolista es siempre bastante más retraído dialécticamente que su señora, se muestra poco locuaz en sus apariciones públicas, lo que no deja de ser una ventaja: dado que nunca dice nada (¿a que es impensable, por ejemplo, imaginarse a Beckham condenando la guerra contra Irak?) cualquiera puede sentirse reflejado en él. Lo que explica cómo es posible que el chico atraiga por igual a grupos tan heterogéneos como hooligans, niños, militantes gays, adolescentes o mujeres de mediana edad. «Ella le enseñó la importancia de controlar su imagen, de sacar el mejor provecho de su trabajo, de espaciar sus apariciones públicas», sentencia Ellis Cashmore, autor de Beckham, una de las muchas biografías sobre el deportista que han visto la luz en los últimos años. Hasta diciembre de 2000, por ejemplo, Beckham sólo había concedido cuatro entrevistas, denotando las publicaciones elegidas -GQ, el suplemento de Estilo del The Sunday Times, el periódico The Times y la revista de ocio Time Out- la cuidadosa campaña de imagen que había detrás. De la mano de Victoria, el deportista consiguió acceso al exclusivo mundo de las grandes celebridades, quienes hasta entonces siempre habían mirado con indisimulado desprecio a los futbolistas. Gracias a Victoria, David se encontró de la noche a la mañana codeándose con famosos de primera línea: Elton John le animaba a pasar unos días en su mansión del sur de Francia, Andrew Lloyd Weber le abría también las puertas de su hogar, los diseñadores Dolce & Gabbana le invitaban a sus desfiles, Donatella Versace le incluía en la lista de asistentes a sus pases de modas, Johnny Depp le invitaba a su fiesta de cumpleaños y Lenny Kravitz le apremiaba a asistir a la fiesta de lanzamiento de su nuevo disco. «Su vida cambió cuando conoció a su esposa», sostiene sir Alex Ferguson, el entrenador del Manchester, en una entrevista publicada en el último número de la revista Sports Illustratred. «Ella está metida en el mundo del pop y con ella David cambió su imagen.Con ella él desarrollo su particular interés por la moda. Yo he sido testigo de su transición hasta convertirse en otra persona diferente», asegura su ex jefe disparando abiertamente contra Victoria, con quien siempre ha mantenido una tensa relación. REYES DE LA PRENSA ROSA Pero, sí, no hay duda: La Pija cambió a Beckham. Y, por supuesto, Ferguson tiene toda la razón al asegurar que fue ella quien convirtió a su delantero en una fashion victim, aunque no es menos cierto que el chico ocultaba una clara tendencia exhibicionista. Victoria, muy inteligentemente, se limitó a animarle a dar rienda suelta a sus locas fantasías en el vestir y en el peinar -hasta 600 euros porque su peluquero particular, que le acompañó en el último mundial, le rapara el pelo-, alentándole a hacer realidad sus indudables ansias de lucirse, plenamente consciente de que así conseguiría más publicidad, y con ello más dinero para sostener su astronómico tren de vida (sólo en la seguridad de sus cuatro mansiones, gastan al año seis millones de euros). Al fin y al cabo, el día que Beckham apareció con una faldita que resultó ser un sarong, el vestido típico malayo, ¿no salió su imagen en toda la prensa británica? Y cuando se presentó en el bautizo del hijo de Liz Harley con las uñas de los pies pintadas, ¿qué tabloide podía resistirse a publicar la foto? Muchos sostienen, además, que la muerte de la princesa de Gales en un accidente de coche (agosto de 1997) contribuyó también a encumbrar a los Beckham a la categoría de ídolos populares, al convertirlos en el nuevo punto de mira de un público acostumbrado a desayunarse con los escándalos del tempestuoso matrimonio de Carlos y Diana. Y la verdad es que la inmensa mayoría de quienes en su día devoraban vorazmente cualquier historia sobre la princesa Diana son ahora adictos seguidores de las peripecias del futbolista, la cantante y sus dos hijos (Brooklyn, de 4 años, fue así bautizado en homenaje al distrito en el que fue concebido por sus progenitores.Para el segundo, de 10 meses, eligieron el amoroso Romeo). Desde luego, Victoria supo aprovechar la oportunidad de más fama que le brindaba el destino, convirtiendo su boda con Beckham, celebrada el 4 de julio de 1999 en el castillo irlandés de Luttrellstown, en su coronación definitiva como nuevos reyes de la prensa rosa.Fue una boda real de imitación; las fotos se contrataron en exclusiva con OK!, la rival de Hello!, por 1,5 millones de euros. El precio refleja el valor de la celebridad de ella más que de la de él.No es casualidad que la pareja contrajera nupcias como auténticos soberanos de sangre azul: sentados en unos aparatosos tronos dorados forrados de terciopelo rojo, mientras ondeaba al viento una bandera con su propio escudo de armas. El caso es que, mientras la popularidad de las otras spices se fue esfumando poco a poco, Victoria es la única que puede presumir de ser más famosa de lo que era cuando formaba parte del quinteto.«Sabe instintivamente que su carrera sólo puede seguir adelante si continúa manteniendo su nombre bajo la luz de los focos», dice Morton al tratar de explicar el ansia desmedida de la señora Beckham por ganarse la atención de los medios de comunicación. PELUQUERIA: 70.000 EUROS Lo que explicaría cómo es posible que en nueve meses, los tabloides hayan contabilizado nueve cambios de look de Victoria o que, según la prensa, sus gastos anuales en peluquería asciendan nada menos que a 50.000 libras, unos 70.000 euros. Aunque ni siquiera la inmensa popularidad de la que hoy disfruta La Pija -quien en tiempos de las Spice Girls era la menos conocida de las cinco- ha conseguido evitar que su carrera musical en solitario haga aguas por todos lados. A pesar de que su primer single en solitario funcionó bastante bien en Gran Bretaña, vendiendo 180.000 copias (poca cosa comparado con los 1,25 millones de discos que las Spice Girls vendieron sólo en el Reino Unido de su Wannabe), a partir de ahí la cosa ha ido en fuerte declive. Not Such An Innocent Girl, editado en septiembre de 2001, sólo consiguió vender 80.000 copias. Y el siguiente esfuerzo de La Pija aún resultó más infructuoso: Mind Of Its Own, single que vio la luz en febrero de 2002, no vendió más que 66.000 discos, mientras que el elepé ni siquiera alcanzó las 50.000. Pero Victoria tratará de desquitarse con un disco que está previsto que salga a la venta a finales de este mismo año. «Es plenamente consciente de que la fama es efímera y de que sólo disponen de unos cuantos años para poder explotar sus ganancias potenciales», asegura Andrew Morton a propósito de Victoria.«A diferencia de los famosos de antaño, que desperdiciaron su talento o su dinero acabando sin nada, Victoria controla y mercantiliza cualquier faceta de su vida», añade. David Beckham puede presumir de tener hoy a su disposición un imponente equipo formado por agentes, managers, publicistas, abogados y asesores varios, encargados todos de cuidar de su imagen. Pero ninguno se puede comparar con su consejera particular: Victoria. Irene Hernández Velasco, Londres EL MUNDO, 22 de junio de 2003
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