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La ciencia nazi, al descubierto en Berlín (EL MUNDO)

Una exposición muestra los experimentos en los que los investigadores del Tercer Reich utilizaron cobayas humanas. BERLIN.- «¿Cómo se explica que hubiera médicos entre los colaboradores de los criminales nazis? Buscamos respuestas a esta compleja cuestión. Los científicos que llevaron a cabo experimentos con seres humanos en los campos de concentración no eran seres anormales, sino gente muy cualificada, a quienes les movía un interés científico, y a veces motivos personales». Son las conclusiones de Astrid Ley y la doctora Marion Maria Ruisinger, organizadoras de la exposición Sin escrúpulos. Con escrúpulos. Experimentos humanos en los campos de concentración, que puede visitarse en Berlín en el Museo de Historia de la Medicina hasta el próximo 27 de julio. Conocido es el nombre de Josef Mengele, el llamado Doctor Auschwitz, obsesionado con el estudio de los gemelos. Mengele quería dedicarse de lleno a la genética al final de la guerra, y en Auschwitz encontró el lugar ideal donde llevar a cabo pruebas sin límite.Sería el infierno para los gemelos, de origen judío, gitanos, rusos o polacos, que acababan en aquel siniestro campo. Eran medidos, pesados, y observados como ratas de laboratorio. Gozaban de ciertos privilegios, como una buena alimentación, para que las penurias no afectaran a los resultados de los experimentos.Mengele también los necesitaba muertos con el fin de comparar sus órganos. Y en otros casos les sometía a operaciones sin anestesia para estudiar su resistencia al dolor. Entre 8.000 y 10.000 personas fueron sometidas a experimentos médicos en los campos de concentración durante el nazismo. Tan sólo una cuarta parte de ellos se han identificado. Muchas murieron infectadas o víctimas de experimentos terminales como los que se hacía para probar cómo el cuerpo humano toleraba la altura o las bajas temperaturas. Los baños helados en Dachau ofrecieron datos a los científicos sobre la resistencia del cuerpo al enfriamiento. En una de las salas de la exposición se recuerda a estas víctimas sin nombre.Decenas de paneles con nombres escritos adornan los laterales de la habitación y en el centro una escultura de un hombre encogido, plegado sobre sí mismo, obra de Ron Muech, nos habla de la culpa y del sufrimiento, del horror y de la necesidad de reflexión.Lo peor, al fin y al cabo, es descubrir que aquellos médicos no eran monstruos, sino seres cegados por su pasión por el poder, o atados por el sentido del deber. Ana Alonso Montes, Berlín. EL MUNDO, 6 de mayo de 2003 ___________________________________________________________ Las voces de las víctimas Las víctimas de los experimentos en los campos de concentración sufrieron como 'conejillos de indias', como llamaban a las presas de Ravensbrück, y luego tuvieron dificultades para lograr reconocimiento e indemnizaciones. En la exposición 'Sin escrúpulos. Con escrúpulos' son las víctimas quienes hablan. «Me quedé mirando a un punto pero luego el mundo comenzó a dar vueltas a mi alrededor. Lo que sufrí después fue peor que la muerte. La muerte me parecía algo humano», relata Izbela Rek, una de las supervivientes. Maria Kusmierczuk contaba en el proceso de Nuremberg cómo vivían en la más absoluta incertidumbre. «Nos preguntábamos qué hacían con nosotros. Era imposible preguntar en un campo de concentración. Siempre nos decían: 'cierra el pico'», recordaba. Sobre la vida de algunas presas de Ravensbrück sabemos por el documental de Loretta Walz, 'Nos llamaban conejos', basado en las experiencias de otra superviviente. En Nuremberg se vieron las secuelas de estos salvajes experimentos, como enormes cicatrices en las piernas. De los 23 médicos y científicos juzgados, 16 fueron condenados. A siete los sentenciaron a la horca y a cinco a cadena perpetua. Otros, como Mengele, escaparon. EL MUNDO, 6 de mayo de 2003
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