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Antropología del ciberespacio (EL MUNDO)

Un investigador español analiza el fenómeno de los "chats" como una nueva forma de interacción humana. 1. XDDDDDDD 2. ;) 3. :) 4. :)))))))))))))) 5. <^XCyOnE^> :P Para muchos lectores, estas líneas de texto parecerán poco más que una sopa de letras, un jeroglífico por descifrar o la conversación de unos seres de otra galaxia. Sin embargo, pertenecen a un mundo muy próximo que habitan decenas de miles de españoles: el mundo de los chats de Internet. Aunque parezca mentira, excepto a aquellos iniciados en las comunidades virtuales, esta extraña serie de símbolos son cinco líneas de un largo diálogo interactivo entre usuarios conectados a la red.Significa que cinco personas, que se hacen conocer por los pseudónimos sirt, Carambal, Thrak, karin y el impronunciable ^XCyOnE^, se ríen, cada uno a su manera, de un chiste contado anteriormente.Pista: cada una de las exclamaciones son iconos gráficos que representan de manera diversa caras que ríen o sonríen, y deben interpretarse girados 90 grados en la dirección de las manos del reloj. Internet, los teléfonos móviles y otros innovadores sistemas de comunicación están revolucionando el modo en que los seres humanos vivimos en sociedad. Cada vez son más los científicos sociales que empiezan a interesarse en las nuevas comunidades, redes y relaciones virtuales que se extienden por todo el planeta a la velocidad de la luz por fibra óptica. Joan Mayans i Planells, antropólogo y director del Observatorio para la CiberSociedad, ha publicado recientemente un original libro en el que estudia uno de los nuevos universos sociales de reciente creación: el de los chats. Género Chat (Gedisa), galardonado con el Premio de Ensayo Eusebi Colomer de la Fundación Epson, es una de las primeras investigaciones científicas de estos espacios virtuales. Método sociológico A lo largo de la corta pero fulgurante historia de Internet, los chats (espacios de conversación interactiva) se han convertido en una de las aplicaciones de mayor éxito. Millones de personas en todo el mundo se introducen en ellas a diario para charlar, ligar, curiosear o sencillamente pasar el rato. Pero ¿quiénes utilizan los chats? ¿Qué les mueve a ponerse al teclado para comunicarse con gente desconocida? ¿Cómo se articula su pequeño orden social? ¿Puede hablarse de una cultura chat? Estas son algunas de las preguntas abordadas por Mayans en su fascinante estudio, aplicando diversas metodologías sociológicas, desde las estadísticas hasta las entrevistas o la observación participante. Este antropólogo eligió como tribu a la comunidad de usuarios del IRC-Hispano, la mayor red de chat del mundo hispano, que durante su investigación llegaba a contar con una población máxima de unos 40,000 usuarios conectados simultáneamente. Esta urbe se divide en cientos de canales temáticos, cada uno de los cuales adquiere su propio ambiente, que varían desde el barullo de una gran plaza o bulevar a la intimidad de un club exclusivo: «Del mismo modo que cualquier ciudadano occidental con una cierta experiencia visitando pubs nocturnos podrá reconocer y entender en qué tipo de establecimiento ha entrado, al observar su decoración, la música, el aspecto de los clientes, la forma de los muebles, la iluminación, etcétera, lo mismo podríamos afirmar de un usuario de chats». Según Mayans, el chat es un género comunicacional nuevo y único que confunde las distinciones entre la palabra oral y la escrita, y que va adquiriendo su propia especificidad gracias a las prácticas y la imaginación de sus propios usuarios: «Los chats pueden ser utilizados como un medio que sustituye la conversación oral telefónica o incluso física. Pueden emplearse como alternativa a conocer gente en los bares o en cualquier lugar público. No obstante, su genuinidad específica se va descubriendo a medida que dejamos de pensarlo como sustituto de algo y lo vemos como un medio con un estilo y unas peculiaridades propias». Algunas de estas peculiaridades surgen de las imaginativas estrategias desarrolladas por los propios usuarios para suplir la aparente pobreza de un medio de conversación puramente textual. Un ejemplo aparece en la anterior cita de las cinco personas riéndose mediante el uso de ingeniosas combinaciones de los caracteres estándar del teclado. Con estos emoticonos pueden expresar toda una gama de mensajes como tristeza, sorpresa, escepticismo, gritos, indiferencia, sarcasmo, miedo o incluso besos. Quizás más sorprendente, sin embargo, es la posibilidad de insertar en una conversación un fragmento de narración en tercera persona.Por ejemplo, en vez de escribir «Ja, Ja, Ja», el usuario llamado Carambal podría decir «Carambal se ríe descontroladamente hasta caerse de la silla. Se convulsiona. Tose. Se atraganta... ¡ayudadle, rápido!». De esta manera, los diálogos chat se convierten en una auténtica obra teatral, improvisada entre todos sus participantes. Según Mayans, esta confusa combinación de cosas dichas y cosas hechas produce un género «tipicamente posmoderno que toma ejemplo e inspiración en las narraciones épicas y mitológicas más populares de nuestro tiempo: las epopeyas televisivas». En un entorno en el que el aspecto físico no puede verse, es muy fácil crear personajes de chat que tienen poco o nada que ver con el usuario real. Es frecuente, por ejemplo, manejar más de un pseudónimo a la vez, o hacerse pasar por alguien del sexo opuesto (en un estudio se comprobó que al menos un 15% de los usuarios conectados, en cualquier momento, practicaban el travestismo electrónico). Mayans argumenta que estos juegos de máscaras son sólo un ejemplo extremo de la vida urbana y posmoderna, en la que ya estamos todos habituados a representar un papel distinto para cada escenario. Este antropólogo demuestra que el control social existe también aquí, y que cada personaje creado en un chat adquiere vínculos, responsabilidades y una cierta realidad e importancia para su creador. Eduardo Salvador EL MUNDO, 2 de abril de 2003
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