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La imposición del islam ha causado más de tres millones de muertos en Sudán desde 1983 (LA RAZÓN)

Los católicos son obligados a convertirse al mahometismo y se les detiene si se resisten. Más de tres millones de muertos y un número superior a los cinco millones de seres humanos desplazados es el balance que arrojan los ya 20 años de guerra civil en Sudán. Una guerra que viene motivada, entre otros factores, por la islamización forzosa y la persecución de las minorías no mahometanas orquestada desde un Gobierno que impone la «sharia» a toda la población. Los católicos sudaneses son obligados a convertirse al islam, sufren bombardeos, detenciones arbitrarias, son convertidos en esclavos o mueren de hambre ante la pasividad de la comunidad internacional. Sudán, en pleno corazón de África, es un país olvidado. Con una población de casi 29 millones de habitantes ¬de los que casi cuatro millones son católicos¬ vive una continua guerra civil, motivada entre otros factores por cuestiones religiosas, ante una alarmante pasividad de la comunidad internacional. El sur del país, de mayoría cristiana y animista, se levantó en armas en 1983 cuando el Gobierno del norte musulmán, por presiones de Arabia Saudí y otras naciones, impuso la «sharia» o ley islámica a toda la población. Desde entonces ya han muerto, según Ayuda a la Iglesia Necesitada, alrededor de tres millones de personas y el número de desplazados ronda los cinco millones. La guerra, que continúa desde hace 20 años, sigue cobrándose víctimas, sobre todo entre los habitantes del sur, que sufren bombardeos, homicidios, arrestos arbitrarios, esclavitud o la muerte por hambre, al no someterse a la islamización gubernamental. Manos Unidas denuncia que el ejército y los paramilitares «bombardean sin piedad, utilizan el hambre como arma, entran en los poblados y arrasan con lo que encuentran a su paso, matan a los hombres y, para vergüenza de los que nada hacen por impedirlo, secuestran, para utilizarlos como esclavos, a niños y mujeres». Aunque en la Constitución se prevé la libertad religiosa para las confesiones distintas del islam, el Gobierno sudanés limita gravemente este derecho y tiene en marcha un proceso de radical arabización e islamización de todo el territorio como uno de sus mayores objetivos. Según el «Informe sobre la Libertad Religiosa en 2002» emitido por Ayuda a la Iglesia Necesitada, la autoridad sudanesa «continúa limitando la actividad de los cristianos (...). Los no musulmanes no pueden hacer proselitismo y la apostasía es considerada un delito gravísimo». El informe explica que éstos no musulmanes «son tratados como ciudadanos de segunda clase, en muchas ocasiones amenazados o arrestados por las fuerzas del orden», y denuncia las conversiones forzosas al islam a las que son sometidos los cristianos. Los obispos católicos sudaneses han condenado en repetidas ocasiones al Gobierno por su campaña discriminatoria de islamización impuesta. El arzobispo de Jartum, monseñor Gabriel Zubeir Waco, ha asegurado que «las rebeliones en contra del Gobierno han sido, generalmente, conducidas por cristianos. En consecuencia, el Gobierno y las fuerzas políticas continuamente repiten que los cristianos actúan en contra del país. Ahora el Gobierno afirma que la guerra existente va dirigida contra el islam, y, por ello, las autoridades obligan a la gente a levantarse en armas para defender el islam y el país en contra de los «enemigos». «Posiblemente los ciudadanos del primer mundo oyen que nuestra guerra no reviste un carácter religioso, sino que se trata de la rebelión de un grupo de desgraciados políticos del sur que quieren tomar el poder. Pero en Sudán la guerra es una llamada para defen-der el islam», apostilla. «Es la Yihad, la Guerra Santa», dice el obispo de Torit, monseñor Paride Taban. El jefe del régimen de Jartum, el jeque Hassan el Tourabi, manifestó bien a las claras los motivos que animan a esta cruenta persecución: «La era del cristianismo se acabó. El siglo XXI es la era del islam». Juan Manuel Rodríguez, Madrid. LA RAZÓN, 19 de marzo de 2003
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