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Fito y los Fitipaldis: «Cambio de camisa»

El cantante de Platero y Tú vende 50.000 discos en solitario de su reválida y duda de la continuidad de la banda madre. A sus 35 años (cumple 36 en octubre), Fito Cabrales se halla en una encrucijada vital que, por el momento, ha iniciado con buen pie. Todos los síntomas indican que ya ha asentado su carrera en solitario, esa que arrancó con extremada huminad cuando Platero Y Tú se tomaron un año sabático -ya hablaremos del asunto más adelante-. Pues eso, que Fito aprovechó para lanzar las canciones que tocaba entre amigos y que no entraban en la idiosincrasia plateresca. “Mo hice por sinceridad. Según sea tu vida, tu música cambia, y yo tenía claro que mi música no podía ser la misma ahora que cuando empecé. Muchas veces me encontraba haciendo un poco el paripé y me di cuenta de que debía cambiar. Además, como músico te gusta aprender y tocar con otros”. Tras tales circunloquios bastante reveladores, Fito se confiesa: “Sobre todo, no quiero pensar como en una banda ni decir, «hola, soy de los Platero, soy de San Pedro bendito», y yo qué sé. Yo quiero escribir canciones y la manera más libre y entera es hacerlas en solitario, sin deber convencer a nadie más. La gente tiene un prototipo de ti, piensa «Fito es tal», y no quiero caer en eso. Y, al final, de repente descubres que estás cumpliendo lo que la gente espera de ti, ¿entiendes? Es fácil caer en ello”. Si, es fácil estirar una historia para sobrevivir en la movida, para seguir en la rueda y mantenerse trabajando sólo tres meses al año. “Sí, eso es. Pero eso es triste, tío. Te metes a la cama y te preguntas: «¿pero yo qué soy?». Los músicos, cuando empezamos a tocar, no lo hacemos por dinero. Compones canciones que te gustaría que fuesen escuchadas por la gente, claro, y con 18 años escribes unas; con 20, otras; con 25, tal. Ahora tengo 35 y me apetecen otras cosas, no porque piense que molan más, sino porque me encuentro más a gusto. Y, a la hora de hacer música, la sinceridad es el primer mandamiento, porque a mí no me gusta que un tipo sea diferente arriba que abajo del escenario”. Fito Y Los Fitipaldis, o sea el señor Cabrales en solitario, debutó con “A Puerta cerrada” (DRO, 98), álbum personalista con un pequeño éxito (Rojitas las orejas), referencias tan americanas cono las de JJ Cale y Bob Seger, y palos clásicos como el rockabilly y el swing. Este primer CD va por las 40.000 copias, cifra que no sorprende al interesado. “A lo mejor me ha soprendido más este, que ha vendido 50.000 en menos tiempo. El anterior empezó con 15.000. Tras la gira con Extremoduro, otras 15.000. Y luego, las diez restantes. No es igual que te digan al de dos meses: «has vendido 50.000». Joder, qué pasada. Sin embargo, lo del primero también está genial, porque pensé que lo comprarían cuatro amigos. Es más: DRO tiró 15.000 con el cómic del Víbora, pensando que le iban a sobrar”. Tras semejante buen recibimiento, Fito ideó editar un segundo álbum y asentar su nombre. “Lo de querer volar en solitario y sentirse más libre lo tuve claro desde que saqué el primero. Me sentí seguro. También lo estaba con los Platero, pero es diferente. Me entró el veneno con más fuerza”. Ya veis que Fito habla en pasado de Platero Y Tú. “Sí, es que estan en pasado”, insiste en un asunto que suena a exclusiva. “Yo dije un día que se hallaba en vía muerta. No sé si la gente quiere escuchar otras cosas, pero así es. Siempre estoy con el rollo de la sinceridad, y a mí no me gusta mentir. Platero ahora mismo no tiene proyecto, ni vía de continuidad. No nos hemos separado a hostias. Veo a Juantxo por ahí, y a Jesus menos, y no me cierro a hacer algo algún día, pero no a corto ni a medio plazo”. Os podréis imaginar que Fito no hablará en nombre de sus compinches al preguntarle si ellos creerían hacer el paripé. “No sé. Ahora, cada uno está muy a gusto haciendo lo que hace: Iñaki anda con Extremoduro y le va de puta madre. Jesus está con los Golfos y Juantxo todo liado con una casa que tiene que restaurar y, aparte, también toca con alguien. Pero es lo que te contaba: no puedes mantener una banda porque mola y no hay que buscarse trabajo y es fácil girar durante la temporada. Pero te vas a la cama muy vacío y piensas que eres gilipollas. Y es verdad”. Uno se imagina que Fito no ha trabajado en la vida, pues siempe le ha visto por ahí con actitud desenvuelta de gorroncillo. “No, he trabajado desde los 16 años porque no he estudiado. Me fui de la EGB y no estudié más. No tengo ni graduado, no te digo más. He estado toda la puta vida en bares. Me tiré tres años en el bar La Palanca, que ya no existe, y cuando empecé con Platero, mantuveel empleo cuando actuábamos el fin de semana. Pero, al final, o te tiras al barro o no hay nada. Entonces, me despedí. Como tampoco tenía un curro de la hostia...”. Con pachorra. Fito dice que no le ha cambiado el triunfo. “No, porque ha sido éxito relativo. A mí, lo que me cambia la forma de ser es la cotidianeidad, como a todo el mundo. Si se me lleva el coche la grúa, me la cambia, ja, ja. Pero este éxito de Platero es asimilable, porque es de pacotilla, Para mí, el éxito es hacer lo que quieres en la vida. Ahora puedo hacer 24 horas lo que me apatece. Y no me cambia, porque yo puedo ir a por pan y nadie me asalta”. Fito ha vendido ya 50.000 copias de su reválida, “Los sueños locos” (DRO), un disco de oro que se celebra reeditando el artefacto añadiéndole un DVD en directo. El repertorio es igualmente adulto, con guitarras y pachorra onda JJ Cale / Marc Knopfler, rock americano a medio gas, instrumentales para radios yanquis, un blues ultraortodoxo, vaharadas latinas que mejoran a Jarabe de Palo, una versión del “Mientras tanto” de Leño entonado a medias con Rosendo, y un rock a lo Alarma con su amigo Robe Iniesta al micrófono. El autor no ve diferencias con su debut. “No creo que haya demasidos cambios de estructura respecto a «A puerta cerrada». Siempre digo que no soy Mozart, y la única diferencia es la producción. Ahora ya no es el grupo que toca en bares de Portu, tengo otro concepto de banda”. El álbum se ha grabado sin presiones ni prisas, al ralentí, como JJ Cale, una influencia en sus canciones y modo de tomarse la vida. “Hombre, ojalá se me pegase algo de sus discos. Es una referencia. Lo que más nos cuesta a los músicos es buscar un camino propio. Si un tío se pasa el día escuchando música africana, en sus canciones se notara esa influencia. Yo escucho música americana y a JJ Cale, y está claro que alguna referencia ha de haber. Si se nota JJ Cale es porque desde pequeño me gustan sus guitarras y procuro que no suenen las mías a Yngwie Malsteem”. Y acabamos con una curiosidad malsana. ¿Acaso Fito viste siempre la misma camiseta?. “Je, je, je... Sí. Menos mal que Polaco -su manager- me enseñó en Barcelona una tienda con camisas de colores. Aquí sólo la conseguía en tiendas de efectos navales. Tengo quince iguales, y la gente pensaba, o que soy un cerdo, o que no tengo dinero para comprar otras camisetas. Ahora he pillado otra remesa y tengo amarillas, rojas...”. ¿Y a qué se debe esta fijación por las rayas? “No sé. Siempre me ha gustado el rollo de los Dalton y los presidiarios. Más que por los marineros, me siento un poco presidiario”.
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