UN SALESIANO EDITA UNAS PAUTAS PARA HACER «EFICACES» LAS REUNIONES EN LA PARROQUIA Y EN LAS COMUNIDADES (LA RAZÓN)
lunes, 21 de julio de 2003
Reunión de la comunidad de vecinos, del colegio, del club: el contagio de la «reunionitis» es general, parroquias incluidas. Si hubiera que comenzar con un versículo del Evangelio, habría que citar aquél de «cuando dos o tres se reúnan en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
Reuniones para el grupo de catequesis, reunión para el consejo pastoral, para el de asuntos económicos, reunión para el cursillo de noviazgo, «brainstorming» con los animadores del grupo de jóvenes, «briefing» en el decanato... Las comunidades religiosas y las parroquias se han convertido de pronto en las mayores ágoras nacionales. Hay parroquias en las que no pasa una tarde sin haberse llevado a cabo al menos una reunión, con el párroco como protagonista.
Con la intención de poner algo de orden, el salesiano italiano Enzo Bianco ha escrito un manual para comunidades y grupos de parroquias, con un título que suena un poco a llamada desesperada: «Mejoremos nuestras reuniones» (Elledici, 2003). A juzgar por el aburrimiento producido –tanto en laicos como en eclesiásticos– por las interminables (y a menudo inútiles) reuniones, es absolutamente necesario un método para organizar y moderar discusiones. Toneladas de buena voluntad frustradas, días de trabajo tirados por la borda, proyectos de programas anulados, porque falta una pizca de método. «En la base del fracaso está la idea de que para gestionar la reunión no hace falta una preparación específica», subraya el padre Enzo. No es así, evidentemente; existen fórmulas para calcular «costes» y «ganancias» de una reunión, aunque a menudo es suficiente el sentido común para valorar cómo organizar un debate. Hace falta tener un buen motivo para convocar un encuentro. Nos será muy útil el famoso «orden del día»: pocos argumentos (mejor uno solo), la escaleta rigurosamente escrita y con el tiempo que se le va a dedicar a cada asunto: «Una reunión más larga no significa una reunión más eficaz», dice Bianco. De hecho, la media está entre los 60 y los 90 minutos.
La elección (a menudo obligada) de convocar reuniones con los parroquianos antes o después de cenar no siempre resulta productiva, porque pesará mucho la jornada laboral. «El ambiente, sin duda, tiene muchísima importancia: ¡cuántas parroquias llevan a cabo sus reuniones en una habitación escuálida con sillas poco cómodas, los muros deplorables y la acústica pésima, con micros defectuosos!», añade.
Mucho depende también del moderador de la reunión, que por lo general suele ser el propio párroco. Hay que poner en marcha consejos prácticos: evitar la voz aflautada, el tonillo «clerical», interesar al público desde el principio hasta el final con una salida «sprint», saber escuchar para estimular la discusión, no ratificar sólo las decisiones tomadas previamente o en privado... Así, quizá, los fieles no darán un bufido cuando lean en la agenda: «Esta tarde, reunión en la parroquia».
Roberto Beretta, Milán
AVVENIRE, 9 de julio de 2003
LA RAZÓN, 19 de julio de 2003