Hola a todos y a todas:
A lo largo de este año apenas he escrito a nadie, aparte de algún correo fugaz para recordaros que sigo vivo. Llevo muchos meses pensando en este e-mail, que no será el último, pero que es en cierta medida el primero. Me intentaré explicar.
Llevo 7 años en Bolivia, un país pobre donde los haya, lo sé porque vivo la pobreza, la siento, la huelo... Salí de casa un 11 de enero de 1999 y hasta ahora no he sentido este país tan dentro de mí. Hoy puedo decir que mi decisión fue la acertada y el que piense lo contrario, pues que lo siga pensando, últimamente (como casi toda mi vida) me resbala todo. Soy feliz con lo que hago, con mis cabreos con estos chicos, que aparte de ser más pobres y tener otro idioma, no son muy diferentes a los chicos de allí.
Pero aunque soy feliz, después de mis últimas vacaciones en casa (diciembre del 2005 y enero de 2006) he pensado que es tiempo de volver. Realmente ha sido mi peor llegada, mi año más triste. Realmente este año me he sentido solo y hoy me siento más solo cuando los chicos del internado se han ido a casa y en el internado no hay más que paredes y silencios.
[...] Creo que es tiempo de volver. A una buena amiga le dije que este año tomaría la decisión, que o bien me volvía a casa con 33 años o bien me quedaba aquí hasta que me echaran. Bien, la decisión es la primera, vuelvo a casa; como diría seguro alguna señora, a sentar la cabeza. No sé cuánto tiempo la tendré sentada, espero que no sea mucho. Sé que me va a costar un huevo (me quedará el otro para tener descendencia) Así que espero teneros a todos cerca para ayudar un poco.
[...] Os transcribo un informe que envié al Gobierno Vasco, como informe final del proyecto en el que estoy. Puede crear más de una indigestión, me gusta decir las cosas como las siento, por lo menos cuando escribo (en el ordenador o por carta). Es una manera muy especial de decir que os quiero y que cuando vuelva a casa una gran parte de mi vida se quedará aquí, en el Norte de Potosí.
«Hoy es 1 de junio de 2006. Se me ha pedido una valoración objetiva del impacto del proyecto en el que estoy inmerso. Evidentemente por ser parte del mismo y por llevar realizándolo durante un tiempo de casi 7 años, me será un poco difícil ser objetivo, aunque intentaré ser los más explícito que pueda.
Llegué en enero de 2004 a Bolivia (esta es mi segunda vez que estoy en Bolivia dentro de un proyecto educativo) Y en la brevedad de tres días me ubiqué en mi destino actual: Acasio, capital de la segunda sección de la Provincia Bernardino Bilbao-Rioja, del Departamento de Potosí. Desde esa fecha hasta la actual, esta es mi residencia, mi casa y mi lugar de trabajo. En este intervalo de tiempo, de 2 años y medio, podría decir que he estado más de un 90% en este emplazamiento. Por motivos de trabajo, de capacitación y de vacaciones, he viajado a otras partes del país y a Euskal Herria.
Como sabrán, el extremo norte de Potosí es una de las zonas más pobres del país y, a su vez, Bolivia es uno de los países más pobres de América Latina.
El proyecto abarca muchas áreas, pero me limitaré a explicar mis visiones del área en la que he invertido tiempo, vida e ilusión. Este área es el área de educación.
Una de las partes más importantes del proyecto es la de dar posibilidades de estudio a niños y niñas del campo. Niños y niñas que, por la ubicación de sus hogares, no tienen el derecho a la educación. Niños y niñas que tienen que caminar (no existen carreteras) hasta 9 horas para llegar al único centro de Educación Secundaría (en la actualidad existe un segundo centro en la Provincia) Niños y niñas que viven inmersos en la malnutrición. Niños y niñas que sobreviven cada día con una infusión, algo de maíz tostado, un poco de queso de cabra y muchas ganas por salir adelante. Ellos y ellas sobreviven porque la vida aquí es toda ella una prueba de supervivencia. Niños y niñas que no lloran, porque llorar es un privilegio de personas con más nivel económico. Niños y niñas que no piden, porque no hay de dónde sacarlo. Niños y niñas que no entienden, porque su lengua es otra muy distinta a la oficial.
¿Qué impacto tiene el proyecto?
El primer impacto del proyecto fue la creación del primer centro de Secundaria en la provincia. En la actualidad en el Internado vive casi un 50% del alumnado de secundaria. Esto significa que chicos que antes tenían que irse a otras poblaciones o a la ciudad a realizar sus estudios de secundaria ahora los pueden hacer en su propio municipio. Esto produce una disminución de la deserción escolar; de los 40 a 50 alumnos que llegaban a octavo, sólo 10, en los mejores casos, continuaban sus estudios.
El segundo impacto es la creación de un segundo centro de educación secundaria en la provincia para que chicos y chicas no tengan que desplazarse tanto para la culminación de sus estudios. Este centro está en una población a 4 horas caminando de Acasio y una hora en coche por camino carretero.
El tercer impacto es el hacer reflexionar a las autoridades del municipio que para que un centro de secundaria funcione en este municipio tiene que tener un Internado al lado, para, principalmente, satisfacer sus necesidades de matricula escolar. Es por ello que la Alcaldía Municipal planea la construcción de un internado en el centro de Educación Secundaria.
El cuarto impacto es el hacer reflexionar a la población del Municipio que la educación es la base para hacernos conscientes de nuestra realidad y artífices para poder transformarla. Somos semillas de un cambio en esta sociedad.
El quinto impacto es el ver que una zona olvidada voluntariamente por un país, empieza a tener una resonancia. Primeramente a nivel interno y en la actualidad a nivel nacional.
El sexto impacto es el ver que cada año aumenta el número de docentes, aumenta la matrícula escolar, aumentan las inscripciones en el internado, aumenta la creación de más escuelas.
El séptimo impacto es el ver que chicos formados en nuestros centros, se convierten en líderes de sus comunidades; se convierten en alcaldes, diputados, intendentes y administrativos de las Alcaldías Municipales y del Gobierno Nacional. Instituciones ellas que antes no fomentaron su capacitación, pero que ahora, con ellos al mando, empiezan a favorecer ese cambio de mentalidad y de realidad.
Valoración personal:
Decir que es necesario este proyecto sería quedarme corto. Es mejor decir que es justo.
Cada año que paso en este país me hago un poco más viejo, un poco más renegón y un poco más cabreado con la injusticia de este mundo.
Cada día sueño más y cada noche sueño menos.
Es difícil describir con palabras los gestos de las manos, los ojos y sus sonrisas. Es difícil expresar cada gesto de agradecimiento, cada palabra de ilusión, cada nueva idea de cambio, cada suspiro de esperanza.
Es difícil no llorar cada noche con la rabia de la impotencia, con las ganas de hacer de esto una semilla de cambio.
Es difícil no ver que esto crece, que generamos cada año más de 50 bachilleres con ganas de seguir superándose; con ganas de cambiar una frase demasiado conocida: “Así ha sido siempre”. Porque hasta hace unos pocos años, así había sido siempre: el campesino no tenía derecho a la educación (“es mejor que no sepa para poder robarle mejor”) Y lo peor no es no tener derecho, sino no saber exigir un deber que tiene el país con cada individuo que en él vive. El deber de ofrecerme una educación digna, equitativa y eficiente.
Ahora estamos en un momento de cambio. En un momento que será histórico para los hijos de los chicos que educamos en nuestros centros. Sí, digo bien, para sus hijos; porque estos chicos son la semilla, son la esperanza, son el cambio, son los artífices, son los que sueñan. Pero sus hijos serán los que vivan el sueño. Es ahora cuando es tiempo de exigir una educación en nuestra lengua, la lengua de nuestros abuelos, la lengua de nuestros cerros, la lengua materna y de la tradición. Una lengua declarada de pobres, de incultos y de animales, no de personas, hace ya más de 500 años.
Una lengua, un idioma que es la esencia de una cultura. De una gran CULTURA con mayúsculas y que gracias a ella se podrá reafirmar y revalorar una cultura maquillada con pinceladas de occidentalismo.
Siguiendo con la valoración, creo que si no existieran estos centros seguiría habiendo niños que su derecho a la educación no le importaría a nadie, solamente importaría a las personas que hacen estadísticas del analfabetismo y de la deserción escolar.
Creo que es necesario seguir apoyando a personas que dejan:
un poco de todo (menos la cámara de fotos en mi caso),
un mucho de su vida (cuando culmine mi compromiso en este país llevaré 8 años trabajando por un sueño),
una buena edad laboral (espero encontrar trabajo de camarero en algún lugar)
un poco de vista (cada vez me creo menos lo que me cuentan en la tele y más lo que veo por mis ojos)
Creo que es necesario seguir apoyando un proyecto como éste:
haciendo de una injusticia: una esperanza
haciendo de una injusticia: una utopía
haciendo de una injusticia: un sueño
haciendo de una injusticia: una ilusión
y esperar después de esta tormenta (y de estos tormentos) el rayo de sol.
Eso sí, pensar que somos la solución a todos los males sería de ingenuos. Somos, simplemente, una neurona en muchas conciencias, un incómodo extranjero haciendo lo que tendría que hacer un boliviano, una persona intentando mover una montaña (ya no solo, cada vez somos más) Somos un intento de hacer conscientes de su realidad a personas olvidadas, un intentar hacer que los últimos sean los primeros (o que por lo menos ganen algún puesto)
No sé si esta valoración responde a lo esperado. He intentado hacerla de una manera más profunda y más cercana a mi forma de pensar y de hacer las cosas. Agradezco toda la colaboración por parte del Gobierno Vasco hacia esta gente y hacia mi persona, y espero que sigan apostando por creer que... “que este otro mundo es posible”.
Eskerrik asko
Iñaki Revilla
Vasco, Cooperante
PD: Lo de “Cooperante vasco” es otra cosa muy distinta. Hoy me siento más un “Vasco... y, además, cooperante”.
Iñaki Revilla Alonso, donostiarra, 32 años, licenciado en Bellas Artes. Durante varios años ha sido monitor del Centro Juvenil «Maria Auxiliadora» Gaztetxo Elkartea de Salesianos Intxaurrondo. E-mail: irevilla@gaztetxo.com